La mugre y la sombra abre con una advertencia que es también un programa. “Todo está tan lleno de luz que encandila”. Allí se instala el conflicto: cuando la claridad se vuelve exceso, mirar se vuelve imposible. Frente a ese deslumbramiento estéril, Lauti Radovich no busca más luz y desciende. Baja al pozo.
Desde ese movimiento, el libro invierte con precisión los valores de lo visible. La mugre deja de ocupar el lugar del desecho y pasa a constituirse como una arquitectura íntima, la materia que sostiene lo que somos. La sombra habilita una zona donde la mirada puede descansar de la exigencia del brillo.
Con una voz que oscila entre la urgencia y la ternura de quien no teme tocar la herida, estos poemas construyen una cartografía de lo residual. Allí donde el día se desgasta, donde el deseo no encaja, donde el pensamiento insiste, aparece una forma de verdad.
La mugre y la sombra se afirma como un acto de resistencia contra el imperio de lo aséptico y recuerda que, para ver de verdad, a veces no hay otra opción que apagar la luz.
Stefano Branca
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La mugre y la sombra abre con una advertencia que es también un programa. “Todo está tan lleno de luz que encandila”. Allí se instala el conflicto: cuando la claridad se vuelve exceso, mirar se vuelve imposible. Frente a ese deslumbramiento estéril, Lauti Radovich no busca más luz y desciende. Baja al pozo.
Desde ese movimiento, el libro invierte con precisión los valores de lo visible. La mugre deja de ocupar el lugar del desecho y pasa a constituirse como una arquitectura íntima, la materia que sostiene lo que somos. La sombra habilita una zona donde la mirada puede descansar de la exigencia del brillo.
Con una voz que oscila entre la urgencia y la ternura de quien no teme tocar la herida, estos poemas construyen una cartografía de lo residual. Allí donde el día se desgasta, donde el deseo no encaja, donde el pensamiento insiste, aparece una forma de verdad.
La mugre y la sombra se afirma como un acto de resistencia contra el imperio de lo aséptico y recuerda que, para ver de verdad, a veces no hay otra opción que apagar la luz.
Stefano Branca